ESTADOS UNIDOS TIENE A SUPERMAN; MÉXICO TIENE A EL SANTO

El Santo

Por Manuel González

Tepic.- Se suele decir con frecuencia que la gloria está reservada para unos cuantos, aquellos que por su talento o que a raíz de un muy duro trabajo, destacan de entre una gran cantidad de simples mortales. Grabando sus nombres dentro de los anales de la historia, la muerte parece no alcanzar a estos iconos, cuyo legado es tan grande, que los mantiene más vivos que nunca.

En febrero del año 1984, Rodolfo Guzmán Huerta murió después de haber sufrido un ataque al corazón. Muy pocas personas podían describir cómo lucía e incluso menos personas sabían su verdadero nombre, pero aun así tuvo uno de los funerales más grandes en la historia de México. No fue un hombre el que tuvo entierro ese día, fue una máscara que durante más de cinco décadas construyó un legado. Ese hombre, era mejor conocido como “El Santo”.

Si hiciéramos una lista de iconos culturales a lo largo de México probablemente los primeros nombres que vengan a nuestras mentes fueran: Guillermo del Toro, Frida Kahlo o inclusive “Chespirito”. Pero el más esencial y reconocible de todos sería un luchador en una simple máscara plateada. El Santo no era solo un luchador, era EL LUCHADOR.

Si nos remontamos a los inicios de la lucha libre en México y lo comparamos con estándares actuales, resulta impresionante el cómo un “molde” de luchador genérico como lo era El Santo con un diseño y arsenal de movimientos simples, llegó a convertirse en un fenómeno global. La lucha libre ha sido algo propio de la cultura mexicana por cerca de un siglo, y los luchadores enmascarados han sido estándares del deporte-espectáculo. Pero El Santo era mucho más, él fue propiamente la primera superestrella mexicana.

Las promociones de lucha libre en México no llegaron a ser consideradas como una cosa seria sino hasta a mediados de los años 30’s. Fue en esta época también que se introdujo el concepto de luchador enmascarado, elevando el deporte a algo más mítico. Superman hizo su aparición en 1938, un sujeto que llega a salvar el día vestido de mallas, poseedor de una gran fuerza y con una identidad secreta… en México ya se venía haciendo desde hace cinco años.

Casi literalmente lo que podíamos ver en el ring era a héroes de carne y hueso pelear en la eterna batalla del bien contra el mal. Con la expansión comercial de las promociones de lucha libre, era necesaria la creación de un estándar que pudiese cargar con el peso de ser la cara de toda una compañía, El Santo era ese hombre. A lo largo de toda su carrera se le pudo ver promocionando eventos bajo su personaje, y fue el mito de saber quién estaba bajo la máscara de El Santo lo que poco a poco lo catapultó al estado de leyenda.

Santo y SupermánCon el público en sus bolsillos, El Santo rápidamente se convirtió en la marca comercial por excelencia llegando a protagonizar una serie de historietas publicadas por más de 35 años, en donde peleaba contra una serie de monstruos y fenómenos sobrenaturales. Después de la época de lo que se conocía como cine de ficheras en México, el cine de luchadores fue el género que tomó su lugar, catapultando a El Santo directo al estrellato. El Santo poco a poco gracias a esto se convirtió con su simpleza, en el símbolo de la justicia y la decencia.

Pero el tiempo y sus efectos después de unos cuantos años comenzaron a pasar factura. El Santo en sus últimos años de vida se dedicó a dar un tour de despedida, dando la oportunidad a sus fans de ver a su héroe levantarse una vez más. A poco más de un año, en 1984 durante un programa de entrevista Rodolfo Guzmán Huerta caracterizado como su personaje, removió parcialmente su máscara durante unos cuantos segundos, dejando ver su rostro por primera y única ocasión.

Lamentablemente una semana después El Santo moriría víctima de un ataque al corazón, dando lugar  a uno de los funerales más grandes en la historia de México. Con miles y miles de personas a lo largo de las calles, recibimiento que solo se les da a los tesoros nacionales.

El legado de El Santo continúa su curso hasta nuestros días con adaptaciones al cine, televisión, medios impresos, etc. Inclusive en el mundo de la lucha libre seguimos viendo a versiones nuevas del personaje de El Santo, siendo el hijo y el nieto respectivamente. La historia de Rodolfo Guzmán Huerta quizá se pase por alto ante la espectacularidad del mundo moderno pero debemos recordar que aquello que es esencial, a menudo es invisible para los ojos.

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