¿QUÉ PASÓ CON EL GAS?

Cuando se anunció la liberalización de los precios del gas LP se nos aseguró que esto no implicaría una fluctuación significativa para los usuarios finales, ¿qué falló entonces?

Por Ricardo Téllez

En el mundo de los números macroeconómicos todo va bien o, podría ir peor, no sé si significa lo mismo, ni tampoco sé si puedo debatir lo que sea que nos digan los especialistas, pero lo que sí sé, al menos, es cuáles son los efectos de la situación económica en nuestros bolsillos, lo cual lo sabe usted también, su vecino y todos a cuantos les pregunte y que seguramente responderá que la cosa no pinta nada bien.

De repente, de golpe y porrazo, fuimos víctimas de un súbito aumento en el precio del gas licuado de petróleo (LP), ¿cómo y por qué?, ni siquiera el que me hizo favor de abastecerme del producto me pudo explicar. Ni ellos tampoco lo saben. Hace poco menos de 2 meses pagué $487.80 pesos y ahora me costó $553.80 pesos, un aumento del 13.53% así sin más ni más, sin decir “agua va”.

¿No hay nadie que los regule? No, ya no. A lo mejor se nos olvidó que a partir del primer día de este año se liberó el precio de este producto. En aquel entonces, como siempre, se nos aseguró que esta liberalización no implicaría una fluctuación significativa para los usuarios finales, o sea, para nosotros y nuestros bolsillos, y francamente que no comprendo entonces qué se supone que debemos de entender por “aumento significativo”. Y para nuestra mala suerte, la liberalización del precio del energético coincidió además con un año cuyas expectativas internacionales no eran halagüeñas para el ramo, pues apuntaban también a que no solo se frenaría una racha de disminución en los precios del producto tras dos años consecutivos a la baja (2015 y 2016), sino que además aumentarían; en enero pasado la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (EIA) pronosticó que los precios internacionales del gas LP subirían en un 40% para este año. Mal de y de malas, cuando los precios internacionales iban a la baja, a los mexicanos nos subían el precio del producto, y ahora que están subiendo en el mercado internacional, pues con mayor razón nos lo suben por la liberalización.

Y si bien en agosto de 2016 el Gobierno federal aplicó una reducción del 10% en el precio del LP, poco nos duró el gusto pues esa disminución se vio rebasada apenas entró el año. De acuerdo con un estudio del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM, en los primeros días de este año el gas aumentó el precio en 19.5%, lo cual fue confirmado por el propio presidente de la Asociación de Distribuidores de Gas LP (Adigas), Víctor Figueroa, quien reconoció un alza de hasta 20% en el país. Lo curioso es que pese a que con la liberalización supuestamente ahora el precio se regiría por el mercado internacional, en tanto que en enero el precio internacional bajó, en México subió, lo que se trató de justificar diciendo que fue por la “estacionalidad”, esto es, como estábamos en invierno se consume más gas por el clima.

¿Qué implica la liberalización del precio del gas LP? Implica que ya no es el gobierno quien lo regula, como lo había estado haciendo durante los últimos 50 años; antes de la liberalización, las más de 350 empresas distribuidoras del producto en México tenían que venderlo al precio que dijeran las autoridades y que publicaban mensualmente en el Diario Oficial de la Federación (DOF), pero a partir de la liberalización serían ellas las que fijarían los precios. Lo anterior se hizo para que pudiera entrar la competencia y se aseguraran que el precio de venta fuera el suficiente para que pudieran solventar los costos del producto cotizados a partir de precios internacionales, los efectos de la estacionalidad, el transporte, la logística, la distribución, el almacenamiento y, claro, para poder obtener además una ganancia, si no, no sería negocio y no habría entonces inversionistas que le entraran a sector. Por otra parte, la libre competencia supondría que los consumidores tendríamos más opciones para elegir a qué proveedor comprarle según nos ofreciera los mejores precios y el mejor servicio. Sin embargo, hasta la fecha esto no ha ocurrido, y entonces al 70% de los hogares mexicanos que empleamos el gas LP como combustible, no nos ha quedado de otra más que ponernos flojitos y cooperar ante el alza de los precios del producto, sin que nada lo evite y sin que ni nadie nos explique por qué es que sube el precio, y sin que nadie nos asegure que el aumento es justo, es el que debe de ser.

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