A FONDO: DONALD TRUMP Y LA DIPLOMACIA MEXICANA

Debido a la falta de prospección es que ahora la diplomacia mexicana no atina a saber cómo pronunciarse cada vez que acomete el aspirante republicano, cuando probablemente en estas circunstancias lo que menos conviene sea eso: pronunciarse

Por Ricardo Téllez

El crecimiento del fenómeno Trump y la radicalización de su discurso siguen siendo tema de preocupación, y actualmente estamos comenzando a pagar el precio de no haberlo tomado con seriedad desde un inicio; Denise Dresser lo supo plasmar con claridad meridiana: “Trump era una broma, ahora es un peligro”. Efectivamente, desde que declaró sus aspiraciones presidenciales muchos pensamos que no llegaría a ninguna parte, pero ahora nos damos de topes contra la pared.

Debido a la falta de prospección es que ahora la diplomacia mexicana no atina a saber cómo pronunciarse cada vez que acomete el aspirante republicano, cuando probablemente en estas circunstancias lo que menos conviene sea eso: pronunciarse. Es necesario entender que ahora el discurso abyecto de Trump, no solo es de Trump; porque ya está claro que el empresario no está solo, sino que hay millones de norteamericanos que lo apoyan, incluso hay otro aspirante fuerte que también trae una bandera de radicalismo racial, que es Ted Cruz (irónicamente de padre latino), por lo que al hacer un posicionamiento en contra de Donald Trump donde se le acuse de fascista, ignorante y demás adjetivos negativos, no se toma en cuenta que es como si también les lanzáramos esos calificativos en la cara a los norteamericanos que lo respaldan, que creen en él y aplauden sus discursos y, sin quererlo, nos estamos haciendo igual de radicales y discriminatorios que el propio Donald.

Cierto, sé que es difícil permanecer inertes ante los discursos del multimillonario, pero la diplomacia es, por definición, fría, racional y no visceral. Por lo que las autoridades mexicanas no deben responder con el hígado, solo por dar salida a su coraje o por querer quedar bien con los millones de mexicanos que se sienten agredidos. Si Trump –como dice Denisse- empezó como una broma, ahora su postura se ha vuelto un garlito y nuestros diplomáticos y secretarios de estado han caído en él, a algunos ni siquiera les correspondería decir algo al respecto (a Mead se le olvidó que ya no es el canciller del país y desde la Sedesol tronó en contra de Trump, por ejemplo).

Los planteamientos de Trump en contra de los mexicanos empezaron cuando afirmó que los inmigrantes mexicanos son criminales y narcotraficantes; luego propuso construir un muro y que el costo del mismo sea pagado por nuestro país, y que en caso de que no aceptáramos, bloquearía las remesas de nuestros connacionales para con ellas solventar el costo de la barda; también dijo que evitaría que empresas norteamericanas invirtieran en nuestro país, que daría marcha atrás al TLC y que aumentaría los impuestos a nuestros productos como barrera de entrada, es decir, para encarecer y bloquear la importación de productos mexicanos en EUA. El problema ya no es solo Trump y lo que él dice, sino los millones de estadounidenses que piensan como él, respaldan sus discursos y ha terminado fortaleciendo su campaña.

Lo que deben de hacer tanto las autoridades norteamericanas como mexicanas, es estudiar el fenómeno Trump; identificar en qué estamos fallando, qué estamos haciendo mal como para que ahora millones de estadunidenses piensen como él, incluso, también amplios sectores de latinos lo avalan; en un estudio realizado y dado a conocer recientemente se observó que el 12% de los latinos respaldan sus propuestas.

Eso es ahora y debería de ser la prioridad, más que desgastarnos en discursos contestatarios. Quiero advertir que yo no respaldo a Trump y que también me siento indignado por sus palabras, pero debemos actuar con la cabeza fría y con mayor razón la diplomacia de nuestro país, más ahora que el multimillonario republicano tiene posibilidades reales de gobernar a nuestro principal socio comercial. ¿Qué pasaría entonces con todas nuestras réplicas –algunas también verdaderos insultos- si Donald ganara la presidencia? Eso es algo que debe estar ya, en los escenarios prospectados.

Convendría entonces, aunque nos duela, retomar la Doctrina Estrada que inició desde la década de los 30’s y que durante tantos años caracterizó a nuestro país y lo posicionó en el mundo como una nación neutral y diplomática, gracias a su posición contraria a la Doctrina Tobar intervencionista. De esta manera más valdría guardar silencio y no caer en las provocaciones de Trump; mejor aún: responder captando el fondo de sus mensajes y analizar y reconocer qué hemos hecho mal como para que amplios sectores de norteamericanos estén en contra de nuestros migrantes, algo que deberíamos de reconocer, por ejemplo, es que es obligación de nuestro país y no de los Estados Unidos, el generar espacios de trabajo suficientes y dignos para toda nuestra población; también debemos de conceder que nuestra imagen en cuestiones de violencia y criminalidad no es la más adecuada, y aunque se ha trabajo con enorme esfuerzo y recursos, todavía estamos lejos de nuestro ideal; otra opción de respuesta es, si ya nos vamos a meter a defender a nuestros paisanos, hacerlo pero de manera objetiva, denunciando todo lo que afecta a los inmigrantes y, en este caso, no solo es Trump, debemos aceptar que tampoco la gestión del actual presidente Barack Obama arroja saldos tan positivos que digamos: no ha podido o querido cumplir todo lo que prometió en materia migratoria, durante su gestión se ha dado el mayor número de deportaciones del que se tenga registro y también, aunque no es responsable directo, ha sido durante el tiempo de su gestión en la que se ha registrado el mayor número de asesinatos y abusos de autoridad en contra de los migrantes.

Esperemos a ver cómo se comportan nuestros diplomáticos, ahora que con los cambios realizados terminó dejándose en manos de salinistas nuestras relaciones internacionales pues la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, es sobrina de Carlos Salinas; el nuevo embajador Carlos Manuel Sada Solana fue pieza clave de Salinas en la negociación del TLC con Canadá; y el nuevo subsecretario de asuntos del Norte, Juan Paulo Carreño King, salió de las filas del equipo salinista, incluso contribuyó con el expresidente a escribir el libro de sus memorias “México: un camino difícil a la modernidad”.

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