ELECCIONES INTERMEDIAS, ¿ELECCIONES A MEDIAS?

Elecciones

A FONDO

Por Ricardo Téllez

Si se trata de responder esta pregunta sin mayor referencia, podríamos responder que sí y no, según el enfoque que se adopte para responder: si atendemos al número de cargos públicos que se habrán de elegir en este proceso electoral del 2015, diríamos que sí es una elección a medias, porque prácticamente se estarán renovando la mitad de los cargos públicos del país; si no vamos al grado de participación ciudadana, podemos entonces responder que es una elección que ni siquiera llega a la mitad de lo que debería de llegar; pero si apelamos al nivel de gastos que se ejercerá en este proceso, diríamos que no tiene nada que ver con unas “medias” elecciones, sino que nos cuestan a los mexicanos más que unas elecciones “completas” o presidenciales, con una base de crecimiento que simplemente no encuentra justificación en nada razonable.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO

En este proceso electoral, donde además se empatan las elecciones estatales y municipales en algunas entidades, prácticamente se estará renovando la mitad de los cargos de elección popular en México, pues en la próxima jornada se habrán de elegir:

300 diputados federales (y 200 de representación en consecuencia).

9 gubernaturas (Baja California Sur, Campeche, Colima, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sonora y –casi nada- las de las entidades más conflictivas del país –aparte de Tamaulipas- Michoacán y Guerrero. En estas dos últimas no solo va de por medio la elección de gobernadores, sino además del capital político del gobierno federal dependiendo de si puede o no garantizar la seguridad en los procesos de elección).

17 congresos estatales (además de los estados donde se elegirán a gobernadores, habrán de renovar a sus legisladores locales en: Chiapas, Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Morelos, Tabasco y Yucatán. Conviene no perder de vista las elecciones de entidades también con un grado considerable de violencia como Jalisco, Estado de México y Morelos).

1009 alcaldías (en los 17 estados donde renovarán a sus diputados locales).

En total, de 4 mil 255 cargos públicos que se tienen en el país, en este 2015 se habrán de renovar 2mil 159, es decir, el 51% de ellos; de los cuales 500 son federales y mil 659 locales. Así que no es cualquier cosa lo que está en juego. Elecciones a medias.

APATÍA ELECTORAL

En cada proceso electoral el padrón aumenta, por lo que en teoría en cada proceso electoral las posibilidades de que cada vez un mayor número de electores voten aumenta. Sin embargo, no es el caso tratándose de elecciones intermedias. La elección de diputados federales no es del interés de la mayoría de los mexicanos, al menos, eso reflejan las estadísticas. El desencanto electoral con respecto a las elecciones intermedias va en aumento entre los ciudadanos. Las campañas políticas no incentivan, los candidatos no arrastran, las propuestas no convencen, entre algunas otras razones probables que pudieran explicar el por qué el grado de abstencionismo en las elecciones de diputados federales va en aumento. De 1946, con un registro de abstencionismo de alrededor del 10% del padrón, pasamos niveles de no participación superiores al 50% del padrón en elecciones como en 1979, 1988 y 2003. Y, los años en que se registró más participación en elecciones de diputados federales, fueron razones coyunturales las que movieron a la gente a las urnas; después de 1946, las dos elecciones que tuvieron menos abstencionismo fueron las de 1982 y 1994, que además de coincidir con elecciones federales, el contexto político, económico y social del país fue el que dinamizó a los electores. En 1982, el proceso se empató con la elección presidencial, se aplicaron por primera vez las nuevas reglas en materia electoral de la reforma de 1977 y previamente se había realizado un esfuerzo titánico de empadronamiento; en 1994, también coincidió con elección presidencial, además de que el entorno estaba revuelto por la crisis económica, los efectos del Tratado del Libre Comercia (TLC) y el levantamiento armado en Chiapas, así como por los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, y, además, un “engañoso” crecimiento en la oferta política con la aparición de nuevos partidos. Pero fuera de esos casos, las elecciones intermedias han tenido un nivel de participación muy por debajo de los procesos donde además se eligen al Presidente de México.

En 1994, el porcentaje de participación electoral fue de 75.85%; en 1997, bajó al 57.02%; en 2000, fue del 63.97%; en 2003, del 41.68%; en 2006, del 58.55%; en 2009, de 44.61%; y, en 2012, de 63.23%. Como se puede apreciar, los niveles más bajos de participación correspondieron a las elecciones intermedias: 57.02% en 1997, 41.68% en 2003 y 44.61% en 2009.

A nivel estatal, se reproduce el patrón: En 1994, el porcentaje de participación electoral fue de 65.13%; en 1997, bajó al 51.26%; en 2000, fue del 62.07%; en 2003, del 37.34%; en 2006, del 52.28%; en 2009, de 42.43%; y, en 2012, de 65.52%. Como se puede apreciar, también los niveles más bajos de participación correspondieron a las elecciones intermedias: 51.26% en 1997 –muy por debajo del 57.02% a nivel nacional-; 37.34% en 2003, -también por debajo del 41.68% nacional- y 42.43% en 2009, -igualmente por debajo del registro nacional de 44.61%.

Considerando entonces el nivel de participación ciudadana, donde históricamente las elecciones intermedias más del 50% del padrón electoral no vota -incluso más del 60% en el caso de Nayarit-, las elecciones intermedias son menos que medias.

¿Y LOS COSTOS?

Con base a las estadísticas, este año no podemos esperar mucho en participación electoral, lo que termina por encarecer las elecciones si atendemos a la relación que se establece entre el total del costo del proceso entre el porcentaje de participación electoral.

Aunque ya vimos que el abstencionismo aumenta en las elecciones intermedias, los costos –tanto proporcionales como reales- aumentan.

En los últimos 18 años, el costo de las elecciones intermedias ha aumentado en más del 270%, en tanto que el de las últimas tres elecciones presidenciales lo hizo en casi un 90%, algo que resulta desproporcionado, si lo es en las presidenciales, mucho más en las intermedias, pues en todo este tiempo el padrón electoral no ha aumentado en un 100%, mucho menos en un 270%.

Para las elecciones presidenciales del 2000, se contaba con una lista nominal de 58 millones 782 mil 737, contra 79 millones 492 mil 286 electores registrados, lo que representa un incremento del 35.23%.

Para las elecciones intermedias de 1997, se contaba con un padrón de 52 millones 208 mil 966 electores y para este 2015, se tiene un listado de 82 millones 922 mil 355, lo que significa un incremento del 58.83%.

No obstante, los gastos sí han aumentado de forma excesiva. Para las elecciones del 2000, el gasto ejercido para el proceso fue del orden de los 8 mil 300 millones de pesos, mientras que para el 2012, se elevó a 15 mil 594 millones, un aumento del 87.87%.

En 1997, las elecciones intermedias costaron 5 mil 39 millones de pesos y para este año se estima un gasto superior a los 18 mil 752 millones de pesos, una diferencia de más 13 mil 700 millones de pesos, equivalente al 272.14%. Pero no solo en términos porcentuales aumentó más el costo de las próximas elecciones intermedias, sino también en monto: 18 mil 752 millones para este ejercicio contra los 15 mil 594 millones del 2012; más de 3 mil millones de pesos.

Por eso, desde este punto de vista económico, las elecciones intermedias nos cuestan más que unas elecciones completas.

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