A FONDO: EMPODERAR A LA MUJER

El Día Internacional de la Mujer ha pasado a ser un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, un llamado al cambio, y una celebración de los actos de valor y determinación tomados por mujeres

Dia Internacional

Por Ricardo Téllez

Desde 1975, cada 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer. Esta conmemoración surgió de las actividades de los movimientos obreros a finales del siglo XX en América del Norte y Europa. Desde entonces, el Día Internacional de la Mujer ha adquirido una dimensión global para las mujeres de los países desarrollados y en desarrollo por igual. El creciente movimiento internacional de las mujeres, fortalecido por cuatro conferencias mundiales de las Naciones Unidas sobre la mujer, ha ayudado a que su conmemoración ofrezca la oportunidad de incrementar el apoyo a los derechos y la participación de las mujeres en las esferas política y económica.

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y para la comunidad de la mayor parte del planeta, el Día Internacional de la Mujer ha pasado a ser un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, un llamado al cambio, y una celebración de los actos de valor y determinación tomados por mujeres corrientes que han tenido un papel extraordinario en la historia de sus países y sus comunidades

La celebración de este 2015, lleva por lema: “Empoderando a las Mujeres, Empoderando a la Humanidad: ¡Imagínalo!” y pondrá en relieve la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing, una hoja de ruta histórica firmada por 189 gobiernos hace 20 años y que estableció la agenda para la materialización de los derechos de las mujeres, donde se plantearon como esferas de especial preocupación grandes temas como: la mujer y la pobreza, educación y capacitación de la mujer, la mujer y la salud, la violencia contra la mujer, la mujer y los conflictos armados, la mujer y la economía, la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones, mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer, los derechos humanos de la mujer, la mujer y los medios de difusión; y, la niña.

Aunque se han registrado grandes avances en cada uno de los temas, también es verdad que falta mucho por recorrer para llegar a eliminar las enormes brechas que existen, rezagos que por supuesto también persisten en nuestro país, pues no podemos tapar el sol con un dedo e ignorar la contundencia de datos duros: al menos 7 de cada 10 mujeres han vivido actos de violencia de género en algún momento de sus vidas; 8 de cada 10 ganan menos que los hombres, aun cuando desempeñen trabajos similares o iguales, lo cual no solo atenta contra la equidad de género sino hasta lo dispuesto en la Ley Federal de Trabajo.

En lo particular quiero referirme a tres asuntos que me parecen fundamentales, sin restar importancia a las demás esferas de preocupación: la salud, la violencia de género y los espacios para la participación política.

En cuanto a la salud no son desde luego, nada alentadoras las estadísticas en relación a muertes maternas. Aunque en Nayarit se ha logrado reducir el número de fallecimientos, a nivel nacional no ocurre lo mismo. Cuando se establecieron las Metas de Desarrollo del Milenio en el año 2000, para México se planteó el objetivo de reducir la tasa de mortalidad materna, de 56 a 22 decesos por cada 100 mil nacidos vivos para este 2015. No obstante, la tasa actual es del orden de 42 decesos por cada 100 mil nacidos vivos, es decir, casi el doble de la meta propuesta. Lo peor es que según estimaciones, el 85% de esos fallecimientos pudieron evitarse. Cada año en promedio fallecen 1,192 mujeres durante el parto o derivado de éste y desde hace prácticamente 5 años no se ha observado mejoría pues del 2000 al 2011 se bajó a 43 decesos.

Llama la atención además las desigualdades extremas en la materia, pues mientras en Tamaulipas (estado sumido en la violencia), la tasa de decesos es de 17.5 por cada 100 mil nacidos vivos –la mejor tasa de México-; en Guerrero (otro estado sumido en violencia y en crisis política), la tasa es de 90.1 por cada 100 mil nacidos vivos –la peor en la República Mexicana-.

Con respecto a la violencia de género, el trato que se le proporciona a la mujer no es motivo de orgullo, y no me refiero solo al tristemente célebre caso del Alcalde de San Blas, Hilario Ramírez Villanueva, quien –como siempre- no podía ser más inoportuno al cerrar el mes de febrero para dar inicio al mes de marzo (mes de la mujer) con un terrible acto en contra no solo de una mujer sino de todo el género; sino lo digo además por las cifras oficiales que no hacen más que confirmar la lamentable desigualdad en nuestro país.

Según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, en México el 47% de las mujeres mayores a 15 años sufrió violencia por parte de su pareja durante su última relación, es decir, casi 1 de cada 2; además 4 de cada 10 mujeres han sido humilladas, menospreciadas, vigiladas, encerradas, corridas de su casa, amenazadas con quedarse sin sus hijos o sin su pareja, amenazadas con matarlas o con matarse su pareja; 2 de cada 10 mujeres han recibido reclamos por parte de su pareja por la manera en la que gastan el dinero, les han prohibido estudiar o trabajar, o les han quitado dinero o bienes; a 14 de cada 100 mujeres su pareja la ha golpeado, amarrado, pateado, tratado de ahorcar o asfixiar, o agredido con un arma; a 7 de cada 10 mujeres sus parejas les han exigido o las han obligado a tener relaciones sexuales con ellos o las han obligado a hacer cosas que no les gustan.

Por otra parte, la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México sostiene que cerca de la tercera parte de las mujeres casadas tiene que pedir permiso para salir solas. Asimismo, señala que además de que sufren de inequidad salarial, las mujeres participan en diferentes actividades económicas, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados por un equivalente al 15.5% del Producto Interno Bruto (PIB), recursos que desde luego no reciben ellas.

Con respecto al tema de la mujer en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones, no podemos dejar de mencionar que sí ha habido avances en la obtención de espacios de representación política, como es el caso de la integración de los congresos locales (hoy en Nayarit casi representan el 50% las diputadas) y, próximamente, en el federal. Empero, ese logro se dio más por obligación que por convicción, adicional a que no han sido pocos los casos en los que las mujeres han sido usadas como “Juanitas”, o sea, solo para que un hombre detrás pueda obtener poder.

Todavía estamos muy lejos de lograr la paridad en los cargos de mayor poder de decisión. Actualmente las mujeres ocupan apenas un 6% de las presidencias municipales; hoy en día no hay ninguna mujer gobernadora; y, nunca ha habido una Presidenta de la República.

En la historia de nuestro país, específicamente desde 1917, solo ha habido 6 mujeres gobernadoras y de ellas solo 2 en elecciones competidas: en 2004 en Zacatecas, Amalia Dolores García Medina (PRD), y en 2007 en Yucatán, Ivonne Aracelly Ortega Pacheco (PRI). Las demás mujeres lo han sido de manera circunstancial: las primeras gobernadoras del país, Griselda Álvarez Ponce de León en 1979 en Colima y Beatríz Paredes Rangel en 1987 en Tlaxcala, lo fueron por “dedazo” presidencial; Dulce María Sauri Riancho, llegó a la gubernatura de Yucatán en 1988 pero no por la vía electoral, sino que fue designada por el Congreso para sustituir al gobernador Víctor Manzanilla Schaffer, cuando éste pidió licencia para separarse de su cargo; y, por último Rosario Robles Berlanga llegó a ser Jefa de Gobierno del Distrito Federal, luego de que en septiembre de 1998 fuera designada por la Asamblea Legislativa del D. F., para sustituir a Cuauhtémoc Cárdenas cuando éste renunció al cargo para iniciar su tercera campaña rumbo a la Presidencia de la República en 2000.

Así las cosas aún falta mucho para llegar al estado pleno de equidad. Es por ello que tanto en nuestro país como en el mundo, se ha prorrogado el plazo para la igualdad de género, 15 años más. La meta es que en el 2030 contemos con un planeta 50-50. ¿Se podrá?

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