A FONDO: AYOTZINAPA… MÁS PREGUNTAS QUE RESPUESTAS

A un año de la noche de Iguala. Foto: Manu Ureste

A un año de la noche de Iguala. Foto: Manu Ureste

Así como parece que los padres de los normalistas “desaparecidos” están reacios a aceptar cualquier versión que no sea la que ellos piensan, las autoridades se han mostrado cerradas a realizar una investigación profunda y sospechosamente han dejado muchos cabos sueltos. Hoy, a un año de estos hechos, siguen sin responderse las mismas preguntas, pero a ellas se le han añadido aún más, derivado de la poca consistencia de las versiones oficiales y de un extraño actuar de las propias autoridades

Por Ricardo Téllez

Recuerdo que la noche del viernes 26 de septiembre del año pasado, me encontraba en la sala de redacción del diario El Meridiano de Nayarit, cuando recibimos la noticia de un ataque al camión en el que se transportaban los jugadores del equipo de futbol de la tercera división Los Avispones de Chilpancingo; todo parecía apuntar hacia una confusión, “¿confusión de qué?”, me pregunté. Lo que de entrada me pareció más difuso era la misma información en sí: incompleta, con poca profundidad, sin responder a cabalidad a las preguntas que marcan las circunstanciales de la noticia ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué?

La información sobre el caso, de por sí grave, estaba muy lejos de anticipar todo lo que se vendría después.

No faltó mucho para que comenzaran a circular las primeras versiones sobre, primero la represión a un grupo de estudiantes y, más adelante, sobre la “desaparición” de varios jóvenes normalistas. Como un mal sueño, como una película mal contada, donde solo se recuerdan fragmentos y se pierde la coherencia, las informaciones empezaron a llegar a raudales, pero todas incompletas.

Hoy, a un año de estos hechos, siguen sin responderse las mismas preguntas, pero a ellas se le han añadido aún más, derivado de la poca consistencia de las versiones oficiales y de un extraño actuar de las propias autoridades, ahora más que nunca cuestionadas gracias al trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Si bien es cierto que son de sumo interés los resultados de las investigaciones que durante seis meses realizaron los especialistas, también es verdad que hay una subutilización de los mismos, pues hasta ahora en lo que más se ha enfocado la discusión es sobre la improbalidad de la incineración de los cuerpos en el basurero de Cocula, algo que ya había sido cuestionado por otros expertos desde mucho tiempo atrás, es más, las inconsistencias de dicha versión se ventilaron inmediatamente después de que la Procuraduría General de la República, en aquel entonces encabezada por Jesús Murillo Karam, la diera a conocer en noviembre del año pasado. Por lo que entonces, el GIEI no vino a decirnos nada nuevo, reitero, sobre este punto.

Pero, ¿si los cuerpos no fueron incinerados ahí –conforme una declaración de uno de los supuestos testigos- cómo es que sí aparecieron las bolsas con restos óseos en el río San Juan de donde se tomaron muestras que permitieron a la Universidad de Innsbruck identificar el ADN de dos de los normalistas?, ¿fueron sembradas?, ¿quién las sembró?, ¿de dónde salieron?, ¿quién tenía esos restos?, ¿de quiénes son los demás huesos si es que no son de los normalistas?

Además, mientras que Innsbruck sí identificó restos de normalistas, esto no ocurrió en el trabajo que desarrolló el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), mismo que investigó en el lugar de los hechos, también recogió restos del basusero de Cocula y no lograron identificar a ninguno de éstos con los normalistas desaparecidos.

Dicen los que saben que cuando hay una desaparición, las primeras horas son vitales. Hasta hoy no solo han transcurrido las “primeras horas”, incluso las “primeras horas” es cuando menos se hizo; sino además se han detenido a 111 personas y se han librado más de 130 órdenes de aprehensión, se han realizado más de 640 dictámenes periciales, se han recolectado más de 63 mil fragmentos de restos óseos, se han obtenido más de 550 declaraciones y más de 40 confesiones, y se han integrado más de 120 tomos de la investigación, pero ni aún así se han podido responder a las mismas preguntas y, aunque las autoridades han replanteado reconsiderar los hechos a partir de las conclusiones del GIEI, las instancias investigadoras se han sostenido en esa “verdad histórica”, que diera el “cansado” Murillo Karam el 27 de enero de este año: los normalistas fueron ejecutados e incinerados en el basurero de Cocula por integrantes de un grupo criminal, luego de que fueron detenidos y entregados por la policía tras haber sido señalados como supuestos integrantes de otro bando rival.

El hecho sigue ahí, pero tanto las autoridades como la clase política y aglunas organizaciones, se han encargado de aderezarle sesgos que por momentos hacen perder de vista el fondo del asunto: la desaparición.

El diálogo se ha entrampado, se ha convertido en un “diálogo de sordos”, donde ninguna de las partes está dispuesta a escuchar otra cosa que no sea lo que ella considera. Las posiciones se sostienen firmes y no hay avances. Tal parece que los padres y familiares no aceptarán nada que no sea el regreso con vida de sus hijos y/o la aceptación de las autoridades de que se trató de un crimen de Estado, cualquier propuesta o resultado de indagaciones que no vaya en ese sentido no será aceptado.

Por su parte las autoridades se resisten a reconocer muchos aspectos: la infiltración del crimen organizado en el Estado, la complicidad de autoridades, la negligencia, la indolencia, la falta de sensibilidad, la impericia, entre otros puntos. Y así como parece que los padres están reacios a aceptar cualquier cosa que no sea lo que ellos piensan, las autoridades se han mostrado cerradas a realizar una investigación profunda y sospechosamente han dejado muchos cabos sueltos: está detenido quien fuera alcalde de Iguala, pero ¿qué información ha aportado el ex Alcalde y los más de 100 detenidos?, ¿ninguna o es que sí han proporcionado pero no ha servido para nada?, ¿qué ha pasado con las autoridades de Cocula?, ¿dónde está quien fuera gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre?, ¿qué se ha investigado sobre las personas que avalaron la nominación de Abarca por el PRD, lo cual hicieron aún con su mala fama?, ¿por qué durante tanto tiempo se ha dejado de lado el tema del supuesto trasiego de drogas como parte de las causas de origen?, ¿por qué es que no se puede borrar de nuestras mentes la impresión de cierto desinterés?, ¿le estarán apostando a que el tiempo y la mala memoria de los mexicanos hagan el mismo trabajo que han hecho en nuestros recuerdos colectivos con casos como el 2 de octubre, el “Halconazo”, Acteal, Aguas Blancas, Chiapas, Fobrapoa, 22 de abril y muchos otros en los que el daño y la indignación al y del pueblo de México han sido grandes, tan grandes como nuestra capacidad olvido?

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